Nadie espera en Balcarce 50 que el Papa hable como un opositor al primer presidente liberal libertario de la Argentina. Pero tampoco hay margen para la ingenuidad: los antecedentes de León XIV y sus primeros movimientos al frente del Vaticano permiten anticipar un mensaje más cercano a la doctrina social de la Iglesia que al ajuste, el déficit cero o la motosierra. En la Casa Rosada lo saben. Y esa certeza explica, al mismo tiempo, la expectativa y el temor.
Se conoció la agenda completa del papa León XIV en la Argentina“¡Ahora que Dios nos ayude! Tenemos toda la fe del mundo en que va a estar todo bien, pero también hay riesgos. No vaya a ser cosa que la visita del Papa se nos vuelva en contra y se nos transforme en un infierno”. La frase pertenece a uno de los funcionarios de La Libertad Avanza que más intensamente trabaja para que la llegada de León XIV se convierta en un acontecimiento histórico que el oficialismo pueda capitalizar antes del año electoral.
Cómo será el papamóvil que trasladará a León XIV por la ArgentinaSu diagnóstico, formulado con sinceridad y un vocabulario acorde con las circunstancias, resume el estado de ánimo de la Casa Rosada frente a lo que ocurrirá entre el 8 y el 11 de noviembre.
Una delegación del Vaticano llega a la Argentina para avanzar en los preparativos de la visita de León XIVA medida que se acelera la organización y se acerca el Día D, esa contradicción se vuelve cada vez más evidente.
Un Papa que no necesita confrontar para incomodar
Nadie en el Gobierno espera que el sumo pontífice se transforme en un adversario político de Javier Milei. El problema es otro: León XIV podría incomodar al oficialismo simplemente hablando de los asuntos que considera centrales para su misión pastoral.
La visita tendrá, además, una dimensión difícil de exagerar. La estadía del sucesor de San Pedro en la Argentina, después de su paso por Uruguay y antes de viajar a Perú, podría movilizar cerca de cinco millones de personas y convertir durante 72 horas al país en el centro de atención internacional.
El viaje también llegará después de una secuencia electoral internacional con potencial para incidir en el clima político argentino: Brasil votará el 4 de octubre, Israel el 27 de ese mes y Estados Unidos celebrará sus elecciones legislativas el 3 de noviembre. Prevost desembarcará en Ezeiza apenas cinco días después de que Donald Trump, principal socio estratégico de Milei, mida su poder político en el segundo tramo de su mandato.
La magnitud del acontecimiento puede medirse con una comparación histórica. La última vez que un Papa recorrió la Argentina en una gira de semejante escala gobernaba Raúl Alfonsín, todavía no había caído el Muro de Berlín y Diego Maradona acababa de levantar la Copa del Mundo. Juan Pablo II llegó el 6 de abril de 1987 y durante seis jornadas visitó 10 ciudades, entre ellas Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza y Tucumán. El cierre fue en la avenida 9 de Julio, convertida en una marea humana durante la segunda Jornada Mundial de la Juventud.
Desde entonces pasaron 39 años y once presidentes.
¿Puede esa fiebre papal influir en el humor social y, eventualmente, en el voto de 2027? En el Gobierno no se animan a descartarlo, aunque recurren a una respuesta que ya se convirtió en una suerte de comodín oficial.
“Hay que ver cómo está la economía”, apunta un vocero. La lógica es sencilla: si hacia fin de año los salarios, el consumo y la actividad exhiben señales de recuperación, razonan en el Ejecutivo, cualquier mensaje crítico podrá ser absorbido de otra manera. Si el escenario es el contrario, cada referencia a pobres, desempleados, endeudados o excluidos tendrá una resonancia política mucho mayor.
“Los vemos asustados. Y está bien. Me parece que no entienden nada de cómo se mueve el Vaticano y ese desconocimiento los asusta. Me imagino al Papa hablando de lo que habla siempre, de una manera contundente pero sin hacer de más o dañar a nadie. Ahora bien, tampoco podés pretender que no hable de ciertas problemáticas”, sintetiza un importante miembro de la Iglesia que desde hace tiempo trabaja en el vínculo con el Vaticano.
Según esa fuente, asuntos como la “ludopatía” o el “suicidio de los menores de edad” podrían aparecer en alguna de las homilías.
La primera diferencia entre las expectativas del Gobierno y las de la Iglesia quedó expuesta incluso antes de que comenzara el viaje. Bajo el argumento de la seguridad, el Poder Ejecutivo pretendía privilegiar actos más controlados, con espacios cerrados, aforos manejables y una logística que evitara concentraciones gigantescas.
El Vaticano escuchó la preocupación, pero sostuvo su propio criterio: un Papa que visita por primera vez un país que además vio nacer a su antecesor, Jorge Bergoglio, tiene que encontrarse con la gente.
El resultado fue un esquema que contempla tres grandes misas populares -en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Luján- además de una vigilia juvenil que inicialmente se evaluó realizar en el estadio de River Plate y que finalmente quedó confirmada a cielo abierto, en Palermo.
La verdadera capacidad de decisión sobre el recorrido, las actividades y el tono general de la visita está en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Desde Italia describen su influencia sobre la estructura local con una palabra contundente: “abismal”. Los organizadores argentinos proponen; Roma acepta, modifica o directamente descarta.
La Libertad Avanza puede ordenar aeropuertos, definir recorridos vehiculares, cerrar avenidas, instalar vallados, desplegar policías y disponer ambulancias. Lo que no puede hacer es decirle al Papa de qué debe hablar.